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Infinite Pursuit: Hannah Otto frente al Mauna Kea

07 abril 2026

Cuando lo que tienes por delante es pedalear para conquistar un ascenso de 4200 metros de desnivel, llega un momento en que dejas de pensar en las cifras. Al final, acabas acordándote de cuántos años llevas soñando con ese momento, cuánto te has preparado y todo el empeño que has puesto para poder llegar al momento de luchar contra el reloj para conquistar la cumbre de un volcán. 

Para los deportistas de resistencia, el objetivo es siempre llegar a la línea de meta y materializar en un logro el resultado de todo el esfuerzo realizado. Y cuanto más tiempo hayas dedicado a alcanzar un objetivo de esta magnitud, la línea que separa la preparación y la conclusión parece desvanecerse. Se acerca la línea de meta, el reloj se detiene, pero por dentro piensas que quieres algo más. No cuenta tanto el éxito que has alcanzado como el largo proceso de preparación hasta llegar a este momento. Para Hannah Otto, la preparación se convirtió en el objetivo más importante. Y fue en las laderas del Mauna Kea donde llegó a esa conclusión.

Diario del Mauna Kea, Hannah Otto

Tengo la sensación de que he llegado a un momento en mi carrera donde estoy empezando a vivir cosas que antes eran solo sueños. Llevo más de 20 años compitiendo en deportes de resistencia. Tengo 30 años, y eso representa más de dos tercios de mi vida. Ha sido una experiencia increíble ver cómo se hacen realidad tantas cosas que antes solo podía imaginar. Sigo soñando y la verdad es que la realidad supera mis sueños, aunque a veces las cosas no salgan como yo las imaginaba.

Hannah Otto stands smiling behind a SCOTT Spark RC mountain bike, wearing the XCM National jersey and USA themed helmet, posed in front of a mural featuring a bald eagle and the American flag.

El desafío

El reto de superar la mejor marca conocida (FKT) en el ascenso al Mauna Kea supone recorrer 89 kilómetros de distancia con 4175 metros de desnivel acumulado. Empieza a nivel del mar (la tradición dicta que hay que meter la rueda en el mar) y termina en la cima del volcán, a cerca de 4200 m de altitud. Del ascenso total, 2100 metros corresponden a los últimos 25 kilómetros, es decir, las últimas rampas son las más exigentes, con pendientes de hasta el 20 %. En las últimas rampas hay 6 kilómetros de carretera de tierra suelta. Por todo esto, y por mucho más, se considera uno de los ascensos más difíciles del mundo.

Todos estos superlativos (el más alto, el más duro, etc.) fueron lo que me llevó al Mauna Kea, y una vez que empecé a investigar, ya no pude parar. Cuando me dispongo a mejorar la marca más rápida registrada de una ruta, me planteo varias opciones y luego veo cuál es la que mejor me va. ¿A qué idea estoy dedicando más tiempo, cuál es la ruta que no se me quita de la cabeza? Antes de que me diera cuenta, en todas las pestañas de mi ordenador ponía “Mauna Kea” y ya sabía por dónde iba a acabar la cosa.

Hannah Otto sitting next to her partner, Clayton Otto, reviewing the Manua Kea FKT route on her laptop.

Los preparativos

Tras una temporada de competición por todo el planeta, llegamos al mes de octubre. Acababa de participar en el Gran Premio Lifetime a bordo de una Addict Gravel RC y también con una Spark RC en Bentonville, y me fui directamente para Hawái con una bicicleta que no había montado en ninguna competición en toda la temporada: la SCOTT Addict RC.

Three images of Hannah Otto at different races during the 2025 season.

Llegué a Kona y me puse manos a la obra para afrontar este reto. Después de meses de investigación y preparación, era una sensación extraña llegar por fin a la ruta que me disponía a afrontar y que hasta ahora solo había visto en una pantalla. En los días previos al intento, surgieron dos factores que serían muy importantes. El viento podía ser un problema. Dado que la mayor parte del ascenso está orientada en la misma dirección, tener el viento de cara en ese día podría desmoralizarme y afectaría a la velocidad. En segundo lugar, el tramo de tierra de la carretera también sería esencial para el desafío. A pesar de ser poco más de 6 km, no había contado con que pudiera afectar tanto al tiempo total. Los guardas del parque repasan esta carretera de tierra dos veces por semana y me dijeron que subirían a arreglarla el jueves por la tarde, de manera que la tierra estaría bastante suelta y no resultaría fácil rodar con la bicicleta. Tenía previsto hacer el intento el viernes, pero con esta nueva información, decidimos que había que adelantar el día del reto. Había llegado la hora de salir.

Rolling grassy hills on the Big Island of Hawaii with two lone trees in the foreground, dramatic low clouds draped over distant mountains, and a clear blue sky above.

Left: Hannah Otto being filmed before start of her Manua Kea FKT attempt. Middle: Hannah Otto's time splits taped to her top tube. Right: Hannah Otto preparing her gear.

Una máquina de ascenso diseñada a propósito

A la hora de escoger una bicicleta para afrontar el reto, Hannah lo tenía muy claro. Con cerca de 4200 m de ascenso por delante, necesitaba una máquina diseñada a propósito para los ascensos, y la Addict RC era la herramienta perfecta para la misión. La Addict RC de serie es ligerísima, no llega a los 6 kilos de peso, y la Addict RC 10 construida a medida para Hannah con componentes Shimano y DT Swiss era la opción perfecta. La bicicleta estaba ya lista, Hannah estaba preparada y había llegado el momento de enfrentarse al volcán.

SCOTT Addict RC Pro factory build road bike in black and white, shown drive-side on an open road
SCOTT Addict RC Pro de serie

Llega la hora de subir

El 23 de octubre, con los primeros rayos del sol de la mañana, ya estaba en la playa preparada con la bicicleta. Entré en el mar para realizar el ritual de mojar la rueda de la bicicleta conteniendo las lágrimas; iba a ser un reto, literalmente, desde el mar hasta la cumbre. Tuve la sensación de viajar atrás en el tiempo, volví a ser la niña que esperaba en la línea de salida de la playa antes de competir en un triatlón. Sentía que en mi interior estaba esa niña que soñaba con vivir aventuras gigantescas. Y esa niña sonreía. Antes de ponerme en marcha, lo último que se me pasó por la cabeza: “Qué increíble poder hacerlo. Qué increíble poder siquiera intentarlo”.

Hannah Otto carries her bike on the beach in Hawaii while silhouetted against palm trees.

Los primeros kilómetros fueron muy bien, conforme al plan de ritmo que me había trazado el entrenador. Estaba tranquila, con todo bajo control, los kilómetros corrían, pero el viento empezaba a arreciar. A pesar del viento en contra, iba rodando a buen ritmo, en algunos momentos cerca de 6 minutos por delante del ritmo de la mejor marca conocida. Todo iba según lo previsto, hasta que las cosas empezaron a torcerse.

Hannah Otto rides solo along a quiet Hawaiian road into a challenging headwindduring her FKT attempt, passing a right-turn road sign with rolling hills and misty mountains in the background.

Los seis minutos de ventaja bajaron a tres, y, cuando llegué al kilómetro 60, el viento me había quitado toda esa ventaja. Iba por encima del ritmo previsto, las cifras eran impecables, pero eso no era suficiente por culpa del viento. En el kilómetro 60, iba 3 minutos por detrás de la mejor marca conocida. Sentí que todo se venía abajo y casi me vine abajo yo también. Se me estaba formando un nudo en la garganta. Las dudas se iban apoderando de mí. ¿Por qué habíamos adelantado la prueba un día? ¿No sería mejor haber esperado? Me había dado una paliza de viaje hasta aquí, le dije a todo el mundo que era capaz de conseguirlo, venía conmigo todo el equipo de rodaje para documentar este intento, y yo no estaba dando la talla.

Hannah Otto battles the wind and claws back time during her Manua Kea FKT attempt.

Habíamos decidido hacer esto en equipo, como en la mayoría de los intentos de superar las mejores marcas conocidas, y Clayton y todo el equipo estuvieron animándome a lo largo de todo el recorrido. Pero entonces se produjo un cambio importante. Me di cuenta de que ellos creían en mí, y que en ese momento yo también tenía que creer en mí misma.

A close-up of Hannah Otto riding in low light on the left, and a wide shot of her climbing a winding, foggy mountain road through pine trees on the right.
  
Cuando hice la transición a los últimos 25 kilómetros, donde están las rampas más pronunciadas, me centré en darlo todo. Era ahora o nunca. Unos pocos kilómetros después me había recuperado y marcaba tiempos de récord; la prueba se había convertido en una carrera en la que tenía que ver hasta dónde podía llegar.

Split image of Hannah Otto during the final miles of her FKT attempt, climbing high-altitude roads in Hawaii: on the left, riding a gravel road above a sea of clouds; on the right, ascending a winding paved road through dry volcanic terrain under a clear blue sky.
 
En los últimos kilómetros el aire tenía poco oxígeno, la respiración era más intensa, tenía la sensación de que los músculos se desgarraban y llevaba ya bastante tiempo rodando con la marcha más suave. Era difícil, y parecía que la cumbre estaba cada vez más lejos y, cuando al fin pude vislumbrarla, casi ni quería llegar a la cima. Quería seguir más allá. Quería continuar con el reto. Quería seguir creciendo, seguir aprendiendo, seguir sorprendiéndome a mí misma. La alegría está en la búsqueda, la victoria está en el esfuerzo y el cronómetro es solo una parte de la historia.
 
Hannah Otto celebrates at the summit of Mauna Kea, Hawaii, holding her bike overhead beside a sign marking 13,796 feet above sea level, surrounded by rocky volcanic terrain under a clear blue sky.

El 23 de octubre de 2025, fui la mujer que bajó la marca más rápida conocida en lo que se considera “el ascenso más difícil del mundo” en casi 30 minutos, con un tiempo de 5 horas, 43 minutos y 50 segundos.

Lee otras historias de Hannah Otto:

Hannah Otto intenta superar la marca más rápida conocida en la White Rim
Los deportistas de SCOTT brillan en Little Sugar

¡Gracias a todos por hacer realidad este proyecto!

– Dirigido y editado por: Sunn Kim
–Cinematografía: Ian McMillan, Marcus Catlett, Sunn Kim
– Cinematografía adicional: Danny Awang
– Fotografía: Erica Hinck

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