
Ride to Ride - Henna Palosaari
Ride to Ride: Un viaje de bicicleta a splitboard desde el fiordo a la cumbre
Henna Palosaari y su amiga Karen Ekman participaron en una misión de bicicleta a splitboard durante 10 días en los Alpes de Sunnmøre, en la costa occidental de Noruega, un lugar famoso por sus valles en altura, sus fiordos profundos y algunas de las mejores trazadas de freeride que te puedas imaginar. Ya habían hecho snowboard antes en la zona, pero esta vez decidieron pasar del coche y optar por la bicicleta, por la curiosidad de ver qué tal iría la cosa.
Preparadas para todo
Aplazamos un día la salida, a la espera de que se fueran la lluvia y los días grises. Pero al final decidimos que era mejor salir cuanto antes y ver qué nos deparaba la montaña. Fuera, el día estaba tan gris como se veía por la ventana. Llovía, sí, pero íbamos bien pertrechadas. Y la lluvia en el valle significa que habría nieve en las cimas. Con un poco de suerte, ya veríamos al día siguiente si había sido una buena idea.
Y sí, esta vez acertamos.
Cuarenta centímetros de nieve polvo virgen, de las mejores trazadas de toda la temporada. Poco a poco, nuestro escepticismo se transformó en esperanza. A lo mejor el viaje no iba a darnos tan malos ratos.

Estar en un sitio a la vez
Al tercer día vimos un corredor que empezaba justo al lado del camino. Era empinado, no lo teníamos completamente claro, pero parecía factible, así que dejamos las bicis apoyadas en una valla al final del camino de tierra y nos calzamos las botas. La nieve rodaba por delante de Karen mientras trazaba los giros a saltos. Es uno de los corredores más complicados que he esquiado, pero también de los más chulos. Desde la bici no se veía una trazada clara, pero nos lanzamos a subirlo sin pensárnoslo dos veces. Lo importante era la sensación de estar en el lugar exacto donde queríamos estar, y haciendo algo que nos encantaba.


Es el tipo de viaje que me recuerda lo fácil que es perder esa conexión en la vida cotidiana. Estamos siempre liados, tachando cosas de la lista de asuntos pendientes, haciéndolo todo deprisa, y ni sabemos por qué. ¿Para sentirnos realizados? ¿Aceptados? Este viaje me devolvió a lo esencial: a estar en el lugar en el que estoy, hacer las cosas de una en una, y con eso ya basta.


Las cuatro estaciones en un día.
En Noruega el tiempo cambia a lo bárbaro en un solo día, y eso puede ser bueno y malo a la vez. Montañas altas, cerca de la costa: es habitual que el tiempo cambie de un valle a otro y que los pronósticos se tuerzan sin previo aviso. Esta vez parece que tuvimos suerte, y el pronóstico de nubes fue cambiando poco a poco a sol y temperaturas agradables, más típicas de la zona a principios de mayo.
Pero no siempre viene bien que haga calor, porque al día siguiente tendríamos que esquiar en nieve “papa” pegajosa. Por la noche no heló, así que la nieve estaba muy húmeda. Por fortuna, las noches siguientes el cielo estuvo despejado y las cosas cambiaron. Al final, el resto de los días nos encontramos nieve primavera en perfecto estado.

“Llevamos solo dos días de viaje, pero parece como si lleváramos ya cuatro días en la carretera. En un viaje así, el tiempo pasa despacio. En lugar de ir corriendo de un lugar para otro intentando hacer diez cosas a la vez, estás exactamente en el lugar donde quieres estar, y solo ahí. Cuando vas rodando en mitad de una ventisca, cuando estás sacando y metiendo el equipaje, comiendo, esquiando o caminando, te dedicas solo a eso con cada célula de tu cuerpo Pasas frío y sudas, al final, acabas experimentando más cosas en menos tiempo”. —Henna Palosaari, extracto del diario de viaje, 4 de mayo de 2025

Un final por todo lo alto
“No sé si existen los días perfectos, pero el penúltimo día se pareció mucho. Una mañana tranquila, muchos cafés, nos bañamos, echamos una siesta al sol, comimos en abundancia y no hicimos mucho más hasta las 5 de la tarde, cuando salimos a dar la última vuelta para ver la puesta de sol desde Skarrabben”.
Mientras veíamos el atardecer desde la cumbre, lloraba y reía a la vez. A veces lo que necesitamos es salir de la zona de confort, sentirnos incómodos. Sientes el presente, te recuerda que eres resiliente, y te demuestra que tu cuerpo puede aguantar mucho más de lo que te sugiere tu mente. Este viaje era mucho más que pisar nieve y montañas; se trataba de estar plenamente en el presente, pedalada a pedalada, y vivir uno a uno momentos de los que quitan el aliento.

