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Mike Horn acababa de realizar la primera travesía de norte a sur de la Antártida en solitario y sin apoyo. Un motivo más que suficiente para entrevistarlo y que nos cuente cómo le fue en esta increíble hazaña.


¿Cómo te preparaste y entrenaste para la travesía?

Mi preparación es mi estilo de vida. Me mantengo en forma y fuerte, pero tampoco nada del otro mundo. Este tipo de vida es normal para mí. 


¿Comenzaste la expedición con comida suficiente para hacer toda la travesía? ¿O paraste en algún sitio para reabastecerte?

Desembarqué del Pangaea con comida suficiente para tres meses. No paré a reabastecerme. Al final resultó que llevaba demasiada comida encima, era peso innecesario. Pero en la Antártida nunca se sabe, y ¡mejor pasarse que no quedarse corto! 


¿Qué comida llevabas?

Las comidas calientes eran alimentos liofilizados "Trek N' eat", y para picar llevaba frutos secos, chocolate, brownies caseros, patatas fritas y embutidos curados de Sudáfrica.



De promedio, ¿cuántas calorías necesitabas cada día?

Las raciones diarias llegaban a las 8800 calorías. (Como referencia, el cuerpo humano necesita alrededor de 1785 calorías al día para mantener las funciones básicas como la temperatura del cuerpo, el crecimiento, el metabolismo, etc.)


Durante la travesía has tenido que soportar temperaturas que bajaron hasta los -40° centígrados. En temperaturas tan extremas, ir al baño puede resultar muy complicado. ¿Cómo te las apañaste?

Ir al baño en temperaturas tan extremas es siempre complicado, por eso intento reducir la ingesta de líquidos durante el día para evitar ir al baño demasiadas veces. Por la noche bebo litros de agua para hidratarme bien y aguantar todo el día. Por la noche hago pipí en una botella que luego utilizo como bolsa de agua caliente para mantenerme calentito.


¿Te encontraste con alguien durante la travesía?

Me encontré con algunas personas al llegar al Polo Sur. El Polo Sur formaba parte del itinerario, habría sido extraño no encontrarme con nadie por el camino. En la estación ya sabían que iba de camino y me dejaron un mensaje para que me pasara a saludarlos.


¿Qué hacías para mantenerte motivado?

Mi mujer Cathy me había preparado una lista de música para escuchar.


¿Hubo alguna parte de la expedición de la que disfrutaras de verdad? ¿O ha sido toda la expedición un ejercicio de tolerancia al sufrimiento?

He disfrutado de todo. Incluso los momentos más decepcionantes y complicados han sido emocionantes. Para disfrutar de la vida a tope, necesito salir de mi zona de confort y superar mis límites. En cualquier caso, la expedición también ha sido una prueba muy exigente en lo físico y en lo mental, pero si no disfruto de estas cosas: ¿para qué iba a meterme en estas aventuras?


¿Cuál fue el peor momento de la travesía?

Todos los días había momentos de decepción y de alivio, los altibajos de cada día. Pero sí hubo un par de momentos decepcionantes: Perder los utensilios de cocina, el inicio de congelación de los dedos de los pies, romper la superficie del hielo y caer en una grieta, o que la cometa se soltara y se la llevara el viento. Me lesioné el hombro derecho y apenas podía usar el brazo derecho, se me rompieron los esquís, encontré terreno muy difícil con campos de surcos (los temibles sastrugui) muy difíciles de atravesar en los últimos 400 km de la travesía.


¿Cuál fue el mejor momento de la travesía?

Los mejores momentos fueron cuando encontraba soluciones a todos los momentos que te acabo de mencionar. También fue un momento increíble ver cómo surgían las montañas del suelo helado al principio de la expedición, y ver cómo se acercaban el océano y los icebergs al final del recorrido.



Durante la travesía te has enfrentado a vientos que llegaron a alcanzar velocidades de 300 km/h. ¿Cómo te has orientado? ¿Qué equipo de navegación tenías?

Tenía más o menos planeada la ruta con antelación. Ya había estado antes en la Antártida, había hablado con otros amigos míos exploradores antes de trazar una ruta que intenté seguir siempre que me fue posible. Me movía impulsado por el viento, y a veces me dejaba llevar por él aunque no fuera exactamente por la ruta que había trazado. En esas condiciones, es la naturaleza quien decide por ti. En cuestión de equipamiento, tenía un GPS, un explorador inReach (que perdí al principio de la expedición), un teléfono por satélite para coordinarme con el equipo y darles mis posiciones de GPS.


¿Qué tipo de peligros te has encontrado en una aventura como esta?

 Evidentemente el viento frío y de fuerza extrema, las grietas en el hielo, la fatiga y los errores humanos.

 

¿Llevabas equipo para hacer reparaciones?

Sí, tuve que reparar equipo casi a diario. Tenía que desenredar los hilos de las cometas, coser la bolsa del trineo o remendar las cometas que se rasgaban por la fuerza del viento. El primer par de esquís se rompió al principio de la expedición y fue imposible repararlo; por suerte llevaba encima otro par más resistente que sí resistió. También perdí la olla y los utensilios de cocina la segunda semana, así que me tocó improvisar nuevas técnicas de cocina.


¿Qué protocolos de emergencia tenías previstos? ¿Llevabas equipo especial para emergencias?

Tenía un transmisor localizador de emergencia, pero las distancias eran tan grandes que no siempre habría sido posible el rescate. El equipo seguía mi avance, cada día les enviaba mis posiciones manualmente por GPS.


En una expedición como esta, ¿qué hace falta para triunfar?

Hacen falta conocimientos, experiencia, una planificación minuciosa y preparación, tanto mental como física.


¿Qué equipamiento has utilizado en la travesía?

3 cometas de tamaños diferentes, hilos de repuesto, 1 par de botas de travesía SCOTT, 1 par de botas de senderismo Alpha, 2 pares de esquís SCOTT, 1 par de pieles de foca, bastones de esquí SCOTT, casco con visera, crampones Petzl, piolet Petzl, tornillos para hielo, 1 tienda Hellsport con mástiles de repuesto, 1 tienda de repuesto para vivac, una estera Exped, saco de dormir -30 ºC, hornilla de 2 litros, estufa MSR GXK 2, kit de reparaciones, bomba, utensilios para comer, termo al vacío, botella para agua de 1 litro Nalgene, botes de combustible de 1 litro, pala, encendedor y cerillas, chaquetas de plumón grandes y ligeras, camisetas interiores, pantalón, calzoncillos y calcetines, chaqueta y pantalón de GoreTex, ropa interior de lana, guantes, manoplas, pasamontañas, braga para el cuello, gafas de sol polarizadas, gafas de máscara, herramientas de comunicación, paneles solares, equipo de cámaras, botiquín, aperitivos de alto contenido calórico hechos en casa y comida de TrekN’eat.


Han sido 56 días y 22 horas, en los que has recorrido 5100 km con ayuda de cometas y esquís. ¿Repetirías el viaje?

No, no volvería a hacer lo mismo. Está bien eso de volver a sitios donde ya has estado antes, pero también hay que saber zarpar a tiempo para distanciarse. La Antártida es indomable; es ella la que te domina.


Y, al final, llegaste a la estación Dumont d'Urville.


La travesía de la Antártida forma parte de otro proyecto más audaz: el intento de circunnavegar la tierra atravesando los dos polos. ¿Qué planes tienes ahora en la expedición Pole2Pole?

Voy a volver a mi barco, el Pangaea, en Tasmania, Australia. El siguiente paso será navegar a Nueva Zelanda para dirigir otras aventuras y proyectos medioambientales en tierra. Después volveré a Australia a vela y haré lo mismo, para continuar por Papúa Nueva Guinea, Indonesia y la India, donde voy a intentar hacer cumbre en los picos más altos que nunca han sido coronados. A continuación Asia, Kamchatka, el Ártico y Groenlandia, antes de volver a Europa, el punto de partida de la expedición. La expedición Pole2Pole transcurrirá hasta 2018.



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Mike Horn

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