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The Escape

La ascensión al Grosse Scheidegg es la más bonita del mundo. Te invitamos a acompañar a Alain Rumpf en su ascenso a esta cima mítica desde la preciosa localidad de Thun en los Alpes suizos en compañía de Dan Patitucci.


Alain Rumpf


Os doy la bienvenida a mi casa: Suiza. Aquí es donde siempre entreno desde que me enamoré del ciclismo a los 12 años de edad. Cuando era niño competía por todo el país y seguí descubriéndolo con mi bicicleta tras empezar a trabajar para la UCI. He pasado 20 años gestionando proyectos deportivos importantes y en todo momento tuve la impresión de que cambiar el mundo (del ciclismo) era lo mejor que podía hacer en mi vida. Pero entonces me quedé sin trabajo y decidí cambiar mi trayectoria profesional para convertirme en un apasionado de la bicicleta. Participé en la Transcontinental, y me hice guía, escritor y fotógrafo. Me gusta montar en bici y servir de inspiración a otras personas mientras vivo una vida simple en la montaña. Y eso es precisamente lo que más me compensa.


Dan Patitucci


Os voy a explicar, y es una opinión objetiva, por qué montar en bicicleta en Suiza es lo más cerca que se puede llegar a estar del nirvana a los pedales. En primer lugar, el país tiene una amplísima red de carreteras tranquilas y muy bien pavimentadas. Y cuando digo que están lisas, me refiero a lisas como el culito de un bebé. Luego encuentras una variedad de terrenos sorprendente para un territorio tan pequeño: lagos y ríos impolutos, colinas suaves en la campiña y ascensos exigentes por montañas cubiertas de nieve. En pocas palabras: Suiza te da todo lo que ofrecen Francia, Italia o cualquier otro destino de ciclismo popular.



El Grosse Scheidegg, en los Alpes berneses, es la máxima expresión del ciclismo en Suiza. Es una carreterita estrecha con la cumbre cerrada al tráfico de motor, y tiene unas vistas espectaculares de los picos más prestigiosos de los Alpes. Pero para disfrutar de esas vistas hay que subir rampas muy duras. Dan Patitucci conoce perfectamente el Grosse Scheidegg. Es un famoso fotógrafo de deportes de montaña y vive al pie de los Alpes, cerca de Interlaken. Corre, esquía y monta en bici todo el año. Conocí a Dan en las Dolomitas en 2010, nos hicimos amigos enseguida y desde entonces hemos compartido muchas aventuras sobre la bici. Por eso, cuando surgió la oportunidad de presentar un episodio de la serie The Escape, no me lo pensé dos veces: subiría al Grosse Scheidegg en compañía de Dan.



Hicimos una ruta circular un día de verano con algo de calor. Salimos de Thun, a orillas del lago Thun, uno de los 7000 lagos de Suiza. De camino a la cima del Grosse Scheidegg, Dan nos llevó a Beatenberg, un lugar que solo conocen los de la zona. No es un ascenso tan conocido, pero ofrece unas vistas magníficas del lago Thun y de los Alpes berneses. Es lo que los suizos llaman "un buen calentamiento". De vuelta en el valle, en Interlaken, paramos a tomar café antes de recorrer el segundo lago, el Brienz. El agua refleja unos sorprendentes tonos esmeralda y turquesa que se atribuyen a las partículas glaciares, y es uno de mis lugares favoritos para montar en bici. Porque Suiza no son solo montañas y más montañas.

Rodamos en llano unos kilómetros más hasta llegar a Meiringen. Este pueblo es famoso por las cataratas de Reichenbach, donde muere Sherlock Holmes, el legendario héroe de Sir Arthur Conan Doyle. O eso creo, no me hagáis mucho caso. Bueno, ya estábamos a los pies del Grosse Scheidegg. Pasada una curva cerrada a derechas seguimos una calzada estrecha y nos metemos de lleno en faena. Hay pocos tramos por encima del 9 % de pendiente en los primeros 6 km, siempre con vistas a los glaciares y a los riscos de las cumbres.


La carretera es llana antes de llegar a Rosenlaui. En ese momento ya tienes la sensación de haber hecho un ascenso espectacular. Pero justo aquí empieza lo bueno. Pasado Schwarzwaldalp, la carretera queda cerrada al tráfico. Nada de coches, ni motos ni autocaravanas. Si ya tienes experiencia en coronar puertos alpinos en verano, sabes que es un sueño hecho realidad. Lo único que te encontrarás serán paisajes, vacas, ciclistas, montañeros y el famoso servicio público de autobús de PostAuto. El autobús no te va a atropellar, pero que sepas que no frena. Si estás en un tramo estrecho, que es casi toda la ruta, lo mejor que puedes hacer es saltar a la cuneta cuando oigas su inconfundible bocina cada media hora más o menos. ¡Quedáis advertidos!


Las últimas curvas cerradas a los pies del impresionante Wetterhorn (3692 m) son mi tramo favorito del ascenso al Grosse Scheidegg. Aunque no me fue también cuando subí con Dan; después de trabajar como guía una semana en los Alpes tenía las piernas agotadas y me costaba mucho seguirle la rueda. Pero aun así le gané al sprint en la cumbre. ¡Los que llevamos la competición en la sangre no tenemos arreglo!



Nos detuvimos en la cima para disfrutar de la impresionante vista de la cara norte más famosa de los Alpes: el Eiger. Pero a estas horas de la tarde es habitual que se formen nubes, así que tocaba bajar al valle. El descenso que lleva a Grindelwald es donde Peter Sagan dejó bien claro que es mucho más que simplemente un sprinter. En 2011, el corredor eslovaco formaba parte de una escapada en una etapa del Tour de Suiza que pasó por el Grosse Scheidegg. Damiano Cunego se despegó del grupo, abrió un hueco de 2 minutos y se plantó el primero en la cima. Y cuando ya pensaba que tenía la etapa en el bolsillo, Sagan protagonizó el tipo de descenso escalofriante que solo él es capaz de hacer y se hizo con la victoria al sprint en Grindelwald. Había nacido una estrella.


Nosotros no fuimos tan rápidos, pero disfrutamos de todas las curvas, cruzamos Grindelwald y continuamos en dirección al Thunersee. Rodamos por la orilla del lago y acabamos con una cerveza en Thun. Nos quedó ese sabor de boca tan especial de haber disfrutado de un día épico en la montaña en compañía de un amigo. Y en ese momento... empezó a llover. Un día típico en los Alpes.

Sigue a Dan y Alan en ALPSinsight. Tienen grandes proyectos por hacer para 2019, sobre la carretera pero tambien fuera, mantenerse informado…


El recorrido

El recorrido comienza en Thun, una localidad histórica situada 30 km al este de Berna, capital de Suiza. Nada más salir hay que afrontar un ascenso de 7 km hasta Heiligenschwendi, seguido de un breve descenso técnico hasta Sigriswil. Aquí nos encontramos con la segunda subida de la jornada: son 12 km y 650 metros de desnivel hasta Beatenberg. Después de un descenso rápido por carreteras anchas hasta Interlaken, la carretera es prácticamente llana durante 30 km hasta el lago Brienz. A continuación afrontamos el ascenso de la jornada: el Grosse Scheidegg. La carretera supera un desnivel de 1325 m en menos de 15 km, tras lo cual tenemos un descenso técnico hasta Grindelwald. El descenso continúa por una vía principal hasta llegar a Interlaken. Los últimos 25 km son de subidas y bajadas constantes hasta llegar al punto de partida: habremos recorrido 142 km con un desnivel acumulado de 2990 metros.


Es el momento: date una escapada y vívelo en persona

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  • Vídeo: Etienne Van Rensburg
  • Fotografía: Etienne Van Rensburg
  • Texto: Alain Rumpf