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Pico de mala reputación

06 noviembre 2017

Los especialistas en freeski de SCOTT Sam Cohen y McKenna Peterson tenían en mente viajar a Alaska en la temporada 2017. Sin embargo, a principios de enero se produjo un fenómeno meteorológico sorprendente y el viento se llevó casi toda la nieve de la cordillera de la costa en zonas tan conocidas como Haines, por lo que el equipo tuvo que buscarse la vida tierra adentro. Cuando llegaron a la zona conocida como el muro de Brothel Spine, en las cumbres de las montañas de Fairweather en Alaska, Sam y compañía decidieron que era el lugar idóneo y se dispusieron a disfrutar de 3 semanas de esquí y aventura.


Sam Cohen

Sam Cohen traversing the mountain in the sunrise

Pasar tiempo en la montaña siempre ha sido una parte esencial de mi vida. Si no subo a la montaña, se me va la cabeza. La primera vez que viajé a Alaska fue en enero de 2012. Fuimos unos amigos a acampar y hacer unas cuantas trazadas esquiando por la zona de Turnagain Pass. Pasamos cuatro días a tope de nieve. Cuando por fin se despejó el tiempo, hicimos varios de los mejores descensos de nuestras vidas. Es un lugar sencillamente imponente. Luego pasé cuatro años más aprendiendo a esquiar en Alaska, sobre todo en primavera en Haines. El invierno pasado entró una borrasca a mitad de temporada y el viento dejó sin nieve los inmensos neveros tan típicos de Alaska. La nieve era de tipo continental, Haines no era exactamente el mejor lugar para esquiar, pero en Alaska siempre se encuentra algo interesante. Las montañas son infinitas, en cada esquina, en cada grieta y en cada rincón es fácil descubrir algo nuevo.

Sam Cohen Camping in Alaska with tent and mountains

Volé a Juneau el 23 de marzo de 2017 con intención de pasar tres semanas de acampada a los pies de las montañas de Fairweather. Otras veces que he visitado Haines, he llegado en helicóptero; la mejor manera posible de conocer estas montañas y esquiar en ellas. Pero el tiempo en Alaska es impredecible, y es fácil pasar más tiempo sentado en casa a la espera que esquiando en la montaña. Acampar nos daba la oportunidad de pasar todo el tiempo en la montaña para vivirla en toda su intensidad. 

Sam Cohen Dropping In over a gap in the snow

Al poco de llegar a Juneau, me subí a un ferry para cruzar a Haines y luego a una avioneta con el piloto Drake Olson para echar un vistazo de cerca a las montañas. Las cumbres estaban peladas. La borrasca de mitad de invierno había barrido la mayor parte de la zona que yo conocía, solo había rocas peladas y eran unas condiciones muy complicadas. Una capa de nieve muy fina, y mucha inestabilidad por todas partes. No eran las condiciones habituales tan cerca del mar. La verdad es que era una imagen deprimente. 

A pesar del mal estado de la nieve, seguimos adelante con los planes que teníamos. Buscamos y exploramos hasta encontrar nieve que mereciera la pena. Drake nos soltó en lo que sería nuestro hogar durante las próximas tres semanas y nos pusimos manos a la obra. Después de luchar contra enfermedades, contra la falta de nieve de calidad y contra otros problemas menores de dinámica de grupo, por fin encontramos nuestro ritmo y empezamos a funcionar como un verdadero equipo. Saber aprovechar la oportunidad y plantar cara a las adversidades fueron los dos factores que hicieron de este viaje uno de los más memorables de mi vida. Faltaba ya poco para irnos del glaciar, y la sensación que tenía era la de satisfacción. Habíamos hecho todo lo posible con lo que tuvimos a nuestra disposición y no pudimos hacer mucho más.

Sam Cohen Climbing the mountain with partner in view

Saber apañarte con lo que tienes a mano es muy importante en la vida. Las montañas no estaban en las mejores condiciones en este viaje, pero al menos pudimos pasar bastante tiempo en ellas y disfrutamos de una experiencia inolvidable Cada día en la montaña es un desafío, ya sea para los ascensos y para bajar una trazada larga, o para derretir nieve y preparar el desayuno a las 3 de la madrugada antes de empezar una jornada muy larga. Aprender a controlar todas las variables imprevistas que surgen cada día se acaba convirtiendo en un proceso natural cuando te dispones a hacer realidad tus planes. Las personas que te rodean se convierten casi en tu familia y los lazos que hemos creado en este viaje serán inolvidables. Al final conseguimos el objetivo principal del viaje: ¡volver a casa! Todos los descensos que hicimos fueron sencillamente una propina.


McKenna Peterson

McKenna Peterson looking out over the mountain

Expectación. Desasosiego. Inquietud. Ambición. Tres semanas en un glaciar, sin ninguna distracción aparte de pensar a qué cumbre subir y dónde esquiar, generan un aura de emociones vivas y una conexión intensa con los glaciares y los picos que rodean el campamento. Mientras nos dedicamos a nuestro objetivo principal, no dejamos en ningún momento de pensar en la distribución y la calidad de la nieve, la ruta y lo desconocido. “No vamos a tener un momento idóneo para hacer esta trazada,” son palabras de Elliot: “con un campo de hielo justo por encima,… no hay que esperar a que llegue el momento óptimo… hay que lanzarse y ya está”. Y tiene razón.

Confiamos en nuestras posibilidades. Nos lanzamos.

McKenna Peterson and Sam Cohen climbing in the sunrise

Salimos del campamento de madrugada, el frío nos deja helados y las botas mojadas invitan a la acción. Pasan horas de silencio mientras nos deslizamos paso a paso. El sol saluda a nuestros cuatro compañeros con un cielo rosado, la nieve brilla en color beige y el ánimo se sosiega. Subimos el ritmo de ascenso mientras gritamos para darnos ánimos. Llegamos a la primera transición en un lugar azotado por el viento. Para llegar a la base del corredor que queremos ascender tenemos que descender primero 170 metros: subir, bajar, subir, bajar. Henry es el primero en lanzarse y se sorprende de descubrir muy buenos giros. Vemos el viento helado que genera remolinos de nieve alrededor de su cabeza, empieza a relajar la postura y poco a poco va abriendo los giros. El primer valiente tarda poco tiempo en alcanzar su punto más alto después de 20 días de acampada en un glaciar y conseguimos alargar esta trazada en unos 300 metros. La alegría de deslizarnos suavemente sobre el polvo helado se apodera de nosotros y nos dedicamos a disfrutar de ese momento antes de continuar con la tarea. Al fin y al cabo, nos hemos aislado en una zona inhóspita de la Alaska profunda precisamente en busca de esta sensación.

Hemos dedicado las dos semanas anteriores a la búsqueda de nieve de calidad. Hemos acampado en un lugar repleto de trazadas increíbles: corredores, aristas, auténticos muros de nieve... pero la nieve era una birria. Las trazadas que teníamos más allá eran divertidas de subir y los descensos eran terroríficos. Nada nos detenía, y ascendíamos una y otra vez para esquiar sobre nieve dura y con surcos o sobre hielo limpio. Sentíamos la llamada de la belleza de las cumbres. No son las mejores condiciones para esquiar,… pero no deja de ser esquí. No había estado mal, había sido diversión de segunda categoría.

Pero esto sí era de primera. A todos se nos pasó por la cabeza la idea de renunciar a nuestro plan inicial y afrontar este barranco de nieve polvo celestial, pero nadie abrió la boca para sugerirlo. Una vez más, comenzamos a subir. No tardamos mucho en llegar a lo alto del corredor y mirar el terreno por donde haríamos una buena trazada. La primera impresión es una mezcla de ‘¡guau!’ y ‘¡la hostia!’. Las aristas son muy empinadas y relucen con el sol, el hielo de la base llega hasta el infinito y más allá, el glaciar se presenta llano, perfecto, seguro. ¡Por fin! Esto es lo que buscábamos, nuestra obsesión, lo tenemos justo aquí bajo la punta de los esquís. Estoy en la cumbre de una trazada imposible.

La bajada.

McKenna Peterson dropping down the mountain

Supera la arista, salta por encima de la grieta, busca por dónde colarte, cruza la siguiente grieta, atraviesa (¡con cuidado!) el puente de hielo, deslízate entre las grietas, busca el flanco de la base, sal del pie del glaciar y aterriza suavemente sobre el valle. La trazada más exigente de mi vida. Un triunfo muy trabajado. Una sensación indescriptible. Todos sentimos lo mismo. La adrenalina y el subidón nos ayudan a acortar el largo regreso al campamento.

Todavía emocionados, nos disponemos a hablar de nuestro siguiente objetivo imposible. Y todos tenemos la misma idea en mente. A mayor riesgo, mayor satisfacción. Es un ciclo infinito, toda una lección de paciencia.

Es solo cuestión de tiempo; volveremos a hacer cumbre para afrontar otra trazada imposible.

McKenna Peterson and Sam Cohen with the Northern Lights